31 de mayo de 2024
De aquellas madrugadas de verano del 84, recuerdo muchas cosa, difusas pero muchas: mi deporte se estaba empezando a conocer definitivamente en mi país con los logros de una selección que llegó a la final y sólo fue superada por la entonces imbatible EE.UU. Pero recuerdo también sentimientos, ilusión nerviosismo, algo de sueño en los descansos (normal dadas las horas) y recuerdo a un pivot (hoy sería un center) que cautivaba dentro y fuera de la pista. Si, claro que si, Fernando Romay.
Nacido en La Coruña el 23 de septiembre de 1959, Fernando no solo conquistó las canchas con su imponente altura de 2,13 metros, sino que también se ganó el corazón de los aficionados, que entonces no eramos tantos, al baloncesto, pero que él (y su generación) contribuyó a multiplicar. También se ganó el corazón de sus compañeros por algo que tiene en mayor medida que centímetros: su infinita humanidad y solidaridad. Su eterna sonrisa y su carisma lo han convertido en un auténtico ídolo para varias generaciones que llegan hasta hoy.
De joven promesa a leyenda del Real Madrid
Romay comenzó su andadura profesional en el Real Madrid en 1976, donde rápidamente se consolidó como una pieza fundamental del equipo. Durante sus 16 años en el club blanco, Romay fue clave en la consecución de numerosos títulos, incluyendo 7 Ligas ACB, 4 Copas del Rey y 2 Copas de Europa. Su presencia en la cancha era intimidante, gracias a su altura y a sus habilidades defensivas.

Un momento cumbre: La plata de Los Ángeles 1984
Sin duda, uno de los hitos más importantes en la carrera de Fernando Romay es aquella con la que comenzaba esta narración de hoy en My Public Impact, a saber, la medalla de plata obtenida por la selección española en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984. Este logro supuso un antes y un después en la carrera ascendente de popularidad que alcanzaba el deporte de la canasta en este país. Fue, sin duda, histórico y situó al baloncesto español en el panorama internacional y aún hoy es recordado con nostalgia por los aficionados. Junto a Romay, estrellas como Juan Antonio San Epifanio «Epi», Andrés Jiménez, Corbalán o , el tristemente fallecido, Fernando Martín formaron parte de aquel equipo legendario capitaneado por, el también desaparecido, Antonio Díaz-Miguel
Más allá del baloncesto: Un corazón gigante
A lo largo de su trayectoria, Romay siempre ha demostrado una gran sensibilidad y un fuerte compromiso con las cusas sociales, refrendado en multitud de acciones benéficas. Ha participado activamente en diversas iniciativas solidarias y educativas, utilizando su fama para apoyar estas causas . Su labor en la Fundación Real Madrid, donde colabora en programas sociales y deportivos, es un claro ejemplo de su implicación con la sociedad, a través del deporte que le situó en nuestras vidas.

Una sonrisa contagiosa y un don para la comunicación
Romay también ha destacado en su faceta como comunicador, donde ha mantenido su característica simpatía y buen humor. Ha sido comentarista y colaborador en varios programas de televisión y radio, donde su carisma y conocimiento del deporte le han convertido en una de las caras más conocidas, simpáticas y comunicativas de la tele.
Grande en todos los sentidos
La grandeza de Fernando Romay no se mide únicamente por sus logros deportivos y por sus centímetros (que son unos pocos), sino también por su calidad humana excepcional. Su eterna sonrisa, que hemos visto madurar a lo largo de los años pero nunca apagarse, siempre viva y radiante, es un reflejo de su actitud positiva y su capacidad para conectar con las personas. Es un auténtico embajador del ba-lon-ces-to, y un ejemplo a seguir para las nuevas generaciones. Y aquí aplica el tópico más que nunca: dentro y fuera de la cancha.