19 de junio de 2026
En el deporte hay muchas trayectorias que se explican a través títulos, récords, estadísticas o grandes momentos. Sin embargo, hay ocasiones en las que lo más interesante no está únicamente en lo que un deportista consigue (que nuestro invitado de hoy en MyPublicImpact ha conseguido mucho); sino en la forma en que se recorre el camino.
La historia de Rodrigo San Miguel pertenece un poco a esa segunda categoría.
Porque sí, sin duda algna, hablamos de un jugador que ha desarrollado una larga y brillante carrera profesional en el baloncesto español, que ha competido al máximo nivel durante más de dos décadas y que ha levantado títulos europeos de enorme prestigio. Pero también hablamos de alguien que, cuando se presenta, suele hacerlo poniendo por delante algo que para él es tan importante como el propio deporte: la familia.
Quizá por eso resulta tan sencillo entender el cariño y el respeto que sigue despertando entre compañeros, entrenadores y aficionados. Porque más allá del jugador, siempre ha habido una persona capaz de construir relaciones duraderas dentro y fuera de la pista.
Nacido en Zaragoza el 21 de enero de 1985, Rodrigo San Miguel comenzó muy pronto a desarrollar una relación especial con el baloncesto.
Aquella pasión inicial acabaría convirtiéndose en una trayectoria profesional extraordinariamente sólida, construida pasito a paso, temporada tras temporada, lejos de los focos más estridentes, pero siempre camino de la élite.
A lo largo de su carrera vistió las camisetas de equipos como CAI Zaragoza, CB Valladolid, Bàsquet Manresa, Valencia Basket, UCAM Murcia, Iberostar Tenerife, Casademont Zaragoza y San Pablo Burgos, acumulando más de veinte temporadas como profesional. Participando hasta en nueve ocasiones con la Selección Nacional.
Una trayectoria tan extensa no se sostiene únicamente con talento. Requiere disciplina, capacidad de adaptación y una enorme comprensión del juego. Cualidades que quienes le han visto competir siempre han destacado de su figura.

La posición de base tiene algo especial dentro del baloncesto.
Es el jugador que organiza, que interpreta lo que sucede sobre la pista y que muchas veces debe pensar antes que nadie qué necesita el equipo en cada momento y Rodrigo San Miguel desarrolló buena parte de su carrera precisamente desde ese papelfundamental.
Sin necesidad de buscar protagonismos permanentes, fue construyendo una reputación basada en la confianza. La confianza de los entrenadores que le entregaban la dirección del equipo. La de sus compañeros. Y también la de una afición que aprendió a valorar a esos jugadores que hacen mejores a quienes tienen alrededor.
Quizá por eso resulta complicado encontrar una etapa de su carrera en la que no dejara una buena impresión allí donde jugó.

Entre los muchos capítulos de su trayectoria deportiva, existe uno especialmente recordado.
Durante su etapa en Iberostar Tenerife formó parte de uno de los equipos más exitosos de la historia reciente del club.
En 2017 el conjunto tinerfeño conquistó la Basketball Champions League, conocida como BCL por sus siglas en ingles; un título que situó al equipo entre las grandes referencias del baloncesto europeo. Aquella misma temporada llegó también la Copa Intercontinental FIBA, ampliando aún más un palmarés que ya forma parte de la historia del club.
Son éxitos colectivos que ocupan un lugar destacado en cualquier carrera deportiva y que Rodrigo tuvo la oportunidad de vivir desde dentro, formando parte de un grupo que dejó una huella imborrable en la afición tinerfeña.
Porque los títulos siempre son importantes. Pero quienes conocen el deporte saben que lo verdaderamente difícil es construir equipos capaces de alcanzarlos.

La carrera de Rodrigo San Miguel también tuvo reflejo en la selección española.
Después de haber pasado por categorías inferiores y conseguir la medalla de bronce en el Campeonato de Europa Cadete de 2001, llegó la convocatoria con la selección absoluta durante las ventanas de clasificación para la Copa del Mundo de 2019.
Un reconocimiento que llegaba después de muchos años de trabajo y regularidad.
Y es que, en ocasiones, el éxito no aparece de forma repentina. Se construye lentamente, temporada tras temporada, a través del esfuerzo cotidiano y de la confianza ganada con el paso de los años.

Tras anunciar su retirada como jugador profesional en 2023, Rodrigo San Miguel no tardó en iniciar una nueva etapa vinculada al deporte que ha marcado gran parte de su vida.
Su incorporación al cuerpo técnico de Casademont Zaragoza fue vista por muchos como una evolución natural. Después de tantos años leyendo el juego desde la pista, parecía lógico seguir haciéndolo desde el banquillo.
Una nueva responsabilidad que le ha permitido continuar aportando experiencia, conocimiento y una visión privilegiada del baloncesto a nuevas generaciones de jugadores.
Porque hay personas para las que el baloncesto termina siendo mucho más que una profesión.
Acaba convirtiéndose en una forma de vida.