Jorge Macías y la visión de la Zero Waiting Company
10 de julio de 2026
Hablar con una empresa y recibir atención inmediata, personalizada y disponible a cualquier hora del día. Esa es la visión que impulsa BuddyBeam, una startup tecnológica española que apuesta por una nueva generación de agentes conversacionales con voz, vídeo y avatares fotorrealistas capaces de transformar la forma en la que las organizaciones se relacionan con sus clientes.
Al frente del proyecto se encuentra Jorge Macías Domínguez, ingeniero de telecomunicaciones y fundador de la compañía. Tras varios años de investigación y desarrollo, BuddyBeam afronta ahora una nueva etapa de expansión comercial apoyándose en una plataforma propia desarrollada en Europa y en un concepto que resume su filosofía: la Zero Waiting Company, organizaciones donde la espera deja de formar parte de la experiencia del cliente.
Más allá de la tecnología, el proyecto plantea una reflexión sobre el papel que desempeñará la inteligencia artificial en los próximos años y cómo puede contribuir a ofrecer una atención más natural, eficiente y cercana, liberando a las personas de las tareas repetitivas para que puedan centrarse en aquellas donde realmente aportan valor.
Hemos conversado con Jorge Macías sobre el nacimiento de BuddyBeam, el desarrollo de tecnología propia en Europa, la evolución de la inteligencia artificial conversacional y el futuro de la relación entre empresas y clientes. Estas han sido sus respuestas para MyPublicImpact.
BuddyBeam habla de construir la «Zero Waiting Company». ¿Qué significa exactamente este concepto y por qué crees que las empresas deben replantearse la forma en la que atienden a sus clientes? Cuando fundé BuddyBeam, había una idea que tenía muy clara: llevamos décadas aceptando que esperar forma parte de la relación con cualquier empresa. Esperamos para que nos atiendan por teléfono, para recibir respuesta a un correo, para resolver una incidencia o simplemente para obtener información. Lo hemos normalizado hasta el punto de asumir que es inevitable. En BuddyBeam creemos que esa realidad está a punto de cambiar. Cuando hablamos de la Zero Waiting Company, hablamos de empresas capaces de ofrecer una atención inmediata, personalizada y disponible las 24 horas del día, sin que el cliente tenga que adaptarse a horarios, colas o tiempos de respuesta. No significa sustituir a las personas, sino eliminar aquello que no aporta valor: la espera. La inteligencia artificial nos permite crear agentes conversacionales que no solo responden preguntas, sino que entienden el contexto, hablan de forma natural, interactúan mediante voz y vídeo, acceden a los sistemas de la empresa y ayudan a resolver necesidades reales. El objetivo es que la interacción resulte completamente natural y fluida, permitiendo que el cliente obtenga lo que necesita en el momento en que lo necesita. La voz, el vídeo y los avatares fotorrealistas hacen que esa conversación sea mucho más cercana, intuitiva y accesible, eliminando la fricción que durante años ha caracterizado la atención al cliente. Creo que estamos viviendo un cambio comparable al que supuso la llegada del comercio electrónico. Hace veinte años era normal desplazarse físicamente para realizar muchas gestiones que hoy hacemos desde el móvil en cuestión de segundos. Dentro de unos años nos parecerá igual de extraño que una empresa no pudiera atendernos al instante o que una página web fuera simplemente un catálogo estático. Paradójicamente, creo que este cambio también hará que las empresas sean más humanas. Si la inteligencia artificial se ocupa de las consultas repetitivas y de bajo valor, los profesionales podrán dedicar más tiempo a aquellas conversaciones donde realmente importan la empatía, el criterio y la creatividad. La tecnología no debería alejarnos de las personas; debería permitir que las personas dediquen su tiempo a aquello que solo ellas pueden aportar.
La inteligencia artificial está evolucionando muy deprisa. ¿Cómo imaginas la relación entre las personas y estos nuevos agentes conversacionales dentro de cinco o diez años? ¿Qué papel jugarán la voz, el vídeo y los avatares fotorrealistas? Creo que estamos pasando de una etapa en la que las personas utilizaban herramientas a otra en la que colaborarán con agentes de inteligencia artificial. En cinco o diez años será completamente normal conversar con una IA para resolver una incidencia, realizar una compra, gestionar una reserva o recibir asesoramiento, de la misma forma que hoy nos parece normal enviar un mensaje o hacer una videollamada. La voz será la forma más natural de interactuar porque es la manera en la que las personas nos comunicamos. El vídeo y los avatares fotorrealistas aportarán cercanía, confianza y una experiencia mucho más intuitiva que una simple caja de texto. No se trata solo de hacer la tecnología más atractiva, sino de hacerla más humana y accesible. En BuddyBeam creemos que las interfaces conversacionales acabarán sustituyendo a muchas de las interfaces tradicionales. Igual que hace años aprendimos a navegar por páginas web y aplicaciones, en el futuro simplemente hablaremos con ellas.
Habéis apostado por desarrollar vuestra propia tecnología y un stack construido en Europa. En un momento en el que la mayoría de empresas se apoyan en plataformas de terceros, ¿por qué consideráis importante seguir ese camino? La inteligencia artificial se está convirtiendo en una tecnología estratégica, y creemos que Europa debe ser capaz de desarrollar sus propias capacidades. Por eso en BuddyBeam hemos apostado por construir nuestra propia plataforma y mantener el control sobre la arquitectura, en lugar de depender por completo de soluciones de terceros. Esto nos permite innovar con mayor libertad, adaptar la tecnología a las necesidades de cada cliente y ofrecer mayores garantías en aspectos como la privacidad, la seguridad y el cumplimiento normativo. Además, evita que el futuro del producto dependa de las decisiones o cambios de una plataforma externa. No significa renunciar a colaborar con otros, sino construir sobre una base propia. Creemos que las empresas europeas necesitan soluciones en las que puedan confiar a largo plazo, y esa confianza también pasa por saber dónde reside la tecnología que utilizan y quién la controla.
Antes de BuddyBeam hubo un punto de inflexión personal en tu vida. Sin entrar necesariamente en los detalles del accidente, ¿cómo cambió tu forma de entender el trabajo, el emprendimiento y el tipo de proyecto que querías construir? Hay momentos que te obligan a parar y a replantearte las prioridades. En mi caso, comprendí que el tiempo es, probablemente, el recurso más valioso que tenemos. A partir de ahí dejé de preguntarme únicamente en qué era bueno y empecé a preguntarme en qué merecía la pena invertir años de mi vida. Siempre me había apasionado la tecnología, pero ya no quería limitarme a desarrollar proyectos interesantes desde un punto de vista técnico. Quería construir algo con una visión a largo plazo, que pudiera aportar un cambio real en la forma en la que las personas interactúan con la tecnología. BuddyBeam nació de esa reflexión. Sabía que sería un camino difícil, pero también que prefería asumir ese reto antes que quedarme con la duda de no haberlo intentado. Emprender me ha enseñado que la perseverancia y la mejora contínua suelen ser más importantes que la velocidad y que las mejores cosas llevan mucho más tiempo del que uno imagina.
Emprender en inteligencia artificial supone competir en un entorno extremadamente dinámico y global. ¿Cuáles han sido los mayores desafíos durante estos años de desarrollo y qué aprendizajes te llevas de este recorrido? El mayor desafío ha sido construir una tecnología muy ambiciosa en un sector que evoluciona prácticamente cada semana. Lo que hoy parece el estado del arte puede quedar superado en pocos meses, así que tienes que estar aprendiendo y adaptándote constantemente. También he aprendido que emprender no consiste solo en desarrollar un buen producto. Hay que hablar con clientes, entender sus necesidades, tomar decisiones difíciles y mantener una visión clara incluso cuando el camino no es lineal. La tecnología, por sí sola, nunca es suficiente. Si tuviera que resumir el aprendizaje más importante, diría que la constancia marca la diferencia. La inteligencia artificial avanza muy rápido, pero construir una empresa sigue siendo una carrera de fondo. Mantener el foco en elproblema quequieres resolver es mucho más importante que perseguir cada nueva tendencia que aparece.
Si dentro de unos años miramos atrás y BuddyBeam ha conseguido exactamente aquello para lo que nació, ¿cómo te gustaría que hubiera cambiado la relación entre las empresas y las personas gracias a vuestra tecnología? Me gustaría que dejáramos de pensar que relacionarse con una empresa implica esperar. Que recibir atención inmediata, personalizada y de calidad fuera algo tan normal que ni siquiera nos llamara la atención. También me gustaría que la inteligencia artificial hubiera permitido a las personas dedicar más tiempo a aquello que realmente aporta valor. Si la tecnología puede encargarse de las tareas repetitivas, los profesionales podrán centrarse en escuchar, asesorar, crear y resolver problemas complejos, que es donde el factor humano marca la diferencia. Si BuddyBeam consigue contribuir a ese cambio, aunque sea en una pequeña parte, sentiré que todo este esfuerzo habrá merecido la pena. Nuestro objetivo nunca ha sido sustituir a las personas, sino ayudar a que la tecnología elimine barreras y haga que la relación entre empresas y clientes sea más cercana, natural y eficiente.
Mucho más que un avatar
La evolución de la inteligencia artificial está haciendo posible una nueva forma de interacción entre las personas y los servicios digitales. En ese escenario, proyectos como BuddyBeam proponen sustituir buena parte de las interfaces tradicionales por conversaciones naturales, apoyadas en voz, vídeo y avatares capaces de comprender el contexto y responder de forma inmediata.
Pero, más allá del componente tecnológico, la propuesta de Jorge Macías pone el foco en una idea sencilla: utilizar la inteligencia artificial para eliminar tiempos de espera y mejorar la experiencia de las personas sin perder el componente humano de la atención. La automatización de las tareas más repetitivas puede permitir que los profesionales dediquen más tiempo a aquellas situaciones en las que el criterio, la creatividad o la empatía siguen siendo insustituibles.
Quizá esa sea la principal reflexión que deja esta conversación. La inteligencia artificial no solo está cambiando las herramientas que utilizamos, sino también la forma en la que empresas y ciudadanos se relacionarán durante los próximos años. Y, en esa transformación, iniciativas desarrolladas desde Europa como BuddyBeam muestran que también es posible innovar apostando por tecnología propia y por una visión en la que la eficiencia y la cercanía no tienen por qué ser conceptos incompatibles.
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Jorge Macías Dominguez
Ingeniero de redes que un día añadió Python a su caja de herramientas. Le cogí el gusto, y ese camino terminó...
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