16 de octubre de 2026
Después de 26 años en Telefónica, donde ha desarrollado buena parte de su carrera profesional vinculada a la transformación digital, el Big Data y la Inteligencia Artificial, Elena Gil Lizasoain (nuestra protagonista de hoy en MyPublicImpact) comienza una nuva etapa. Su trayectoria, repartida entre España, Estados Unidos y Brasil, refleja una forma de entender la tecnología en la que el conocimiento del negocio, el talento y las personas tienen tnto peso como las herramientas.
Elena Gil Lizasoain se incorporó a Telefónica en Miami en el año 2000. Internet vivía entonces uno de sus momentos más intensos, con la expansión de las empresas “puntocom “ y unas expectativas que, poco después, pondrían a prueba a todo el sector tecnológico. Difícilmente podía imaginar que aquella incorporación acabaría convirtiéndose en una trayectoria de más de un cuarto de siglo.
Durante esos años ha trbajado en distintos mercados, ha conocido de cerca la evolución de las telecomunicaciones y ha participado en proyectos que hoy forman parte de la actividad habitual de muchas empresas, pero que en su momento apenas empezaban a desarrollarse.
En 2026, Elena decidió cerrar esa etapa y emprender un nuevo camino profesional. En su despedida pública de Telefónica destacó las oportunidades recibidas y las experiencias acumuladas, pero dedicó buena parte de sus palabras a las personas con las que había trabajado. Un detalle que ayuda a conocer su manera de valorar una carrera construida en un entorno tan competitivo como el tecnológico.
Licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Deusto, Elena completó su formación con un MBA en el MIT Sloan School of Management. Esa combinación de formación económica y empresarial le permitió desarrollar una trayectoria en la que la tecnología ha estado estrechamente relacionada con la estrategia y la gestión.
Su paso por Telefónica comenzó en Estados Unidos y continuó con responsabilidades en España y Brasil. Trabajó en los negocios dirigidos a grandes empresas, pequeñas y medianas empresas y clientes particulares, adquiriendo una perspectiva amplia del sector de las telecomunicaciones.
Pero una parte especialmente significativa de su carrera llegó con el desarrollo de las tecnologías relacionadas con los datos.
Durante la década de los ‘10, las empresas comenzaron a descubrir que la información generada por su actividad podía convertirse en un recurso de gran utilidad para conocer mejor a sus clientes, mejorar procesos y tomar decisiones. El llamado Big Data dejaba de ser un concepto reservado a especialistas para incorporarse progresivamente a la estrategia de las organizaciones.
Elena participó en ese proceso desde puestos directivos de Telefónica y posteriormente asumió la dirección de LUCA, la unidad de datos de la compañía. Su trayectoria continuó en Telefónica Tech, donde llegó a dirigir el negocio de Inteligencia Artificial y Big Data, con responsabilidades relacionadas con el desarrollo y la aplicación de estas tecnologías en el ámbito empresarial.
No se trataba únicamente de incorporar nuevos programas o herramientas. Para obtener resultados era necesario comprender las necesidades de cada organización, identificar problemas concretos y encontrar soluciones que pudieran aplicarse en su actividad diaria.

Una de las cuestiones que aparecen con frecuencia en las intervenciones profesionales de Elena Gil es la distancia que puede existir entre las posibilidades de una tecnología y su aplicación real. Ella siempre incide y explica el trabajo que Telefónica Tech realizaba para acompañar a las empresas durante las distintas fases de implantación de proyectos de Inteligencia Artificial. El objetivo era que esas iniciativas pudieran integrarse en las organizaciones, crecer cuando fuera necesario y aportar resultados al negocio.
Detrás de esa explicación hay una realidad conocida por quienes trabajan en proyectos de transformación digital y es que una solución técnicamente avanzada no tiene por qué ser la más adecuada si no responde a una necesidad concreta. El conocimiento de los procesos, la participación de los equipos y la capacidad para medir los resultados son factores que pueden determinar el éxito de una iniciativa tecnológica, como ella muy bien explica.
La experiencia de Elena Gil Lizasoain en distintos países y áreas de negocio le ha permitido abordar estos desafíos desde una perspectiva que no se limita al desarrollo técnico. Su trabajo ha estado relacionado también con la organización empresarial, la relación con los clientes y la adaptación de las compañías a nuevos escenarios.

En los últimos años, la Inteligencia Artificial ha pasdo de ocupar un espacio relativamente especializado a convertirse en una herramienta accesible para profesionales de muy diversos sectores.
Elena ha seguido de cerca esta evolución. Estos sistemas, capaces de realizar determinadas tareas y participar en procesos con distintos grados de autonomía, plantean oportunidades, pero también obligan a revisar procedimientos y responsabilidades.
Equipos de marketing, recursos humanos, ventas o finanzas empiezan a incorporar estas herramientas a su trabajo cotidiano. Esto amplía las posibilidades de uso de la tecnología, pero exige formación y una comprensión suficiente de sus capacidades y limitaciones, un terreno en el que Elena Gil nos aporta especial luz y experiencia, porque para empresas y trabajadores, el desafío ya no consiste simplemente en disponer de nuevas aplicaciones. También hay que aprender a utilizarlas con criterio.
La relación entre tecnología, educación y empleo es otro de los asuntos sobre los que Elena ha compartido públicamente sus reflexiones.
En 2026 participó en STEAM Valley, un encuentro organizado por la Universidad Europea para debatir sobre el papel de la ciencia, la tecnología, la ingeniería, las artes y las matemáticas en una sociedad cada vez más influida por la Inteligencia Artificial. Elena Gil intervino, muy acertadamente, en un debate sobre las posibles consecuencias de la IA para el empleo cualificado en ámbitos científicos y tecnológicos; explicó claramente que la inteligencia artificial transformará muchos empleos, pero la adaptación, el espíritu crítico y la formación seguirán siendo necesarios.
Es un planteamiento que permite escapar de dos visiones demasiado simplificadas: la que presenta la tecnología como una amenaza inevitable para los trabajadores y la que considera que cualquier avance traerá beneficios por sí solo. Entre ambas existe un amplio espacio para la educación, el aprendizaje continuo y las decisiones que empresas e instituciones adopten sobre el uso de estas herramientas.
Elena Gil Lizasoain también ha participado en iniciativas de colaboración empresarial vinculadas al desarrollo tecnológico. Durante su etapa en Telefónica, por ejemplo, representó a la compañía en la Junta de Dirección de IndesIA, una asociación que trabaja para impulsar la aplicación de la Inteligencia Artificial en la industria española.
La salida de Telefónica marca uno de los cambios más importantes en la carrera profesional de Elena Gil Lizasoain.
Después de trabajar en una misma compañía durante más de dos décadas, aunque desempeñando funciones y responsabilidades diferentes, ha optado por orientar su experiencia hacia nuevas actividades.
En el mensaje con el que comunicó su despedida explicó su intención de continuar vinculada al mundo empresarial desde funciones de consejera, asesora y profesora, acompañando a organizaciones y equipos en sus procesos de transformación.
También reconoció que afrontaba ese cambio con una mezcla de ilusión y vértigo, una expresión poco habitual en los discursos más formales sobre carreras directivas y que refleja, con habitual naturalidad, las incertidumbres propias de cualquier nueva etapa.
Su formación, el conocimiento de distintos mercados y la experiencia en la dirección de negocios tecnológicos constituyen una base desde la que seguir aportando a otras organizaciones.
El cambio supone, además, pasar de la responsabilidad ejecutiva dentro de una gran compañía a otras formas de participación en la actividad empresarial, en las que el asesoramiento, la experiencia y la capacidad de análisis adquieren un papel especialmente relevante.
Hay un aspecto de la despedida de Elena de Telefónica que merece recuperarse.
Al hacer balance de sus 26 años en la compañía, recordó los países en los que había vivido, los mercados que había conocido y la oportunidad de participar en la expansión de tecnologías como el Big Data, la Inteligencia Artificial o el Internet de las Cosas.
Sin embargo, cuando quiso destacar lo más valioso de aquella etapa, habló de sus compañeros, responsables, mentores, socios y clientes. De las relaciones profesionales y personales que habían quedado después de tantos años. No es un detalle menor en una carrera desarrollada en puestos de dirección, donde las responsabilidades suelen medirse mediante objetivos, resultados y proyectos.